Se trató de un plan macabro, orquestado por poderosos e inescrupulosos empresarios farmacéuticos, cuya meta era manipular las terapias médicas en todo el mundo, haciéndolas depender de sintéticos patentados.
Prueba de lo anterior es que prácticamente todos los sistemas sanitarios gubernamentales del mundo occidental -incluso en países con gran tradición herbolaria- ejercen las mismas inexplicables barreras burocráticas en contra de los remedios herbolarios tradicionalmente utilizados por sus pueblos. Con ello, sólo se benefician a los grandes monopolios. Como muestra: Venezuela.
Esta confabulación fue tan exitosa que efectivamente se logró la sustitución y eliminación de prácticamente todos los remedios herbolarios en casi todas las farmacopeas e institutos gubernamentales de salud del mundo a principios del siglo XX.
Caso Echinacea
Un ejemplo claro es la Echinacea, flor que fue utilizada durante 500 años por los indígenas norteamericanos, para tratar -entre otras dolencias- afecciones del sistema inmune y fibromatosis uterina. Su efectividad se equipara al del mejor medicamento sintético conocido pero.... sin sus efectos colaterales dañinos.
La Echinacea formó parte de la farmacopea norteamericana hasta principios del siglo 20, época en la cual fue eliminada, por influencias de la industria, para ser sustituida por los fármacos sintetizados que hoy conocemos. La excusa fue el advenimiento de los antibióticos, lo cual fue un argumento absurdo pues estos nada logran contra los virus, en tanto que la Echinacea -por sus propiedades inmunoestimulantes- genera una fuerte acción antiviral del propio cuerpo. (1)
Caso aspirina
Caso similar ocurrió con la eliminación del sauce blanco, también conocido como “aspirina natural”. Fue la primera aspirina del mundo, pero carente de los efectos secundarios irritantes del ácido acetilsalicílico.
El hecho es que la industria química vio la posibilidad de “acetilar” la molécula de ácido salicílico para generar la aspirina sintética patentable : el ácido acetilsalicílico y, como resultado, nació uno de los grandes monstruos farmacológicos del mundo.
Vale destacar que la aspirina natural sigue siendo un mejor producto que la sintética: no causa irritación gástrica y, además, se mantiene por un mayor tiempo en el plasma sanguíneo, debido a que la transformación natural de los salicilatos en saligenina y luego en ácido salicílico. El metabolismo ocurre en dos fases, entre los intestinos y en el hígado, permitiendo un mejor aprovechamiento por parte del organismo, en contraposición a los picos sanguíneos que normalmente ocurren con los sintéticos.
En fin, se sustituyó un excelente medicamento natural, sin efectos secundarios, por una molécula sintetizada ¡ pero patentable! con significativos efectos secundarios, sólo para satisfacer la voracidad económica de la gran industria.
Caso estrógenos
Otro ejemplo triste es el caso de los estrógenos sintéticos. A mediados del siglo pasado, se determinó que la sustitución hormonal podría beneficiar a las mujeres en la fase menopáusica mediante la denominada Terapia de Reemplazo Hormonal.
Este fue un extraordinario descubrimiento de la ciencia médica,...lamentablemente empañado.
La razón: para realizar esta maravillosa terapia, la industria promovió la nefasta utilización de estrógenos, bien sintéticos o provenientes de yeguas embarazadas, pues ambos grupos eran absolutamente patentables en cuanto al mecanismo de la síntesis.
Lamentablemente se utilizaron hormonas equinas,... como si las mujeres del mundo tuviesen origen equino o como si no se pudiesen sintetizar moléculas idénticas a las naturales. Esto es realmente cuestionable, ya que la industria prefirió generar nuevas moléculas, parecidas a los estrógenos, con fuertes efectos secundarios, en lugar de simplemente fabricar una molécula idéntica a la natural, sin efectos secundarios.
La razón fue netamente económica: el derecho a la patente.
Es importante en esta triste historia darle un gran reconocimiento al gremio médico norteamericano, el cual durante los ‘50’ se opuso fervientemente a la terapia estrogénica equina o sintética, denunciando el daño que esto pudiese causar; sin embargo y lamentablemente, el ‘lobby’ de la industria farmacéutica pudo más que los gremios médicos ante las autoridades sanitarias norteamericanas con la lamentable imposición de las mencionadas drogas, incluso por encima del veto de los galenos.
A partir de ese momento, comenzó la “epidemia” de histerectomías en todo el mundo, particularmente en los países sujetos a la influencia de los estrógenos sintéticos. El nefasto resultado fue un incremento en la incidencia de cáncer de cuello de útero, mama, neoplasias y fibromatosis uterina a finales del siglo pasado e, incluso, hoy día. (2, 3, 4, 5, 6, 7)
Algo parecido ocurrió con la progesterona natural la cual ha sido desplazada por progestinas (progesterona sintética) las cuales generan otras complicaciones (8)
Curiosamente la misma empresa dueña de la marca Aspirina® también fue dueña de la marca Heroína®, a las cuales debió renunciar, en 1919, producto del Tratado de Versailles, al perder Alemania la Primera Guerra Mundial (9)
En cuanto a Venezuela tenemos que la última Farmacopea Oficial publicada data de 1942. Esta contiene abundantes plantas medicinales, descritas para uso médico, las cuales eran la primera elección de los galenos de mediados de siglo. Lástima que muy pocos de ellos todavía están presentes como para validarlo.