La hegemonía de los Barones de la Droga comenzó con la confabulación Rockefeller - “I.G.Farben”.
Según John Le Carré: ‘El emporio económico más poderoso de Alemania fue la I.G. Farben, que significa “Sociedad Industrial Colores” (Industrie Gesellschaft Farben) la cual agrupaba a BASF, Bayer, Hoescht y otras empresas farmacéuticas.
Señala Le Carré que la Farben fue el máximo contribuyente de la campaña de Adolfo Hitler y luego fue el máximo beneficiario de la conquista alemana del mundo, durante la Segunda Guerra Mundial (1, 2)
En la obra, ‘El gran fraude médico’, Hans Ruesch (1992), renombrado historiador médico, se expone la corrupción masiva en el ámbito médico, científico, industrial, gubernamental y mediático, generado por los “Barones de la Droga”. (3,4)
En la mencionada obra se describe la manera cómo el Imperio Rockefeller, a principios del siglo pasado -cimentado sobre la “Standard Oil”- se involucró en el comercio de fármacos.
Esta dinastía comenzó con William Avery Rockefeller quien, en sus principios, generó dividendos fabulosos a partir de la venta de medicamentos fraudulentos, embotellados como “cura milagrosa” para el cáncer y otras patologías. (5, 6)
Este siniestro personaje fue indiciado por violación, robo de caballos, incendio y falsificación. También fue bígamo durante 34 años, bajo el nombre falso de William Levingston. (5, 6)
En su obra, Ruesch, también narra la manera en que la industria farmacéutica asumió el control de hospitales, universidades e institutos de investigación a principios del siglo 20.
Cuenta Ruesch que el “Monopolio de la Droga” fue conformado por la alianza de dos de los mayores carteles del mundo, para la época: el Imperio Rockefeller y el conglomerado químico alemán,...” I.G. Farben”. (7)
A partir de ese momento la ganancia por la venta de drogas, se convirtió en un negocio exponencial que, para 1948, superaba lo diez billones de dólares. (
Según la red Voltaire, ‘Después de la Standard Oil de Rockefeller (hoy Exxon), el segundo conglomerado de empresas farmacéuticas y petroquímicas más grande del mundo durante la primera mitad del siglo XX, fue del grupo IG Farben con sede en Alemania. Este conglomerado de empresas fue el factor principal que explica la subida de Hitler al poder y su invasión conjunta de Europa y del mundo. De hecho, la Segunda Guerra Mundial fue una guerra de agresión preparada, comenzada y dirigida desde los consejos de planificación de IG Farben. Esta fue la empresa matriz de IG Auschwitz, la planta industrial más grande de este cartel de la industria química fuera de Alemania.’ (4)
Según Ruesch, “I.G. Farben” fue acusada de violar los derechos humanos durante la Segunda Guerra Mundial por operar la colosal planta química de Auschwitz, con la mano de obra forzada de los judíos esclavizados. (9)
En ese campo de concentración, unos 300.000 trabajadores fueron explotados al punto de que 25.000 murieron. Otros fueron utilizados como cobayos y asesinados en macabros experimentos. (8, 10)
Según la red Voltaire, ‘Gran parte de la riqueza de este cartel se acumuló con la sangre y el sufrimiento de los esclavos que trabajaban en sus fábricas, incluidos los del campo de concentración de Auschwitz. IG Farben apoyó, y utilizó sin ningún escrúpulo, a los gobernantes políticos alemanes con sus poderosas armas, con el fin de conseguir el dominio económico sobre toda Europa y el resto del mundo’. (4)
Es notorio que doce de los altos ejecutivos de I.G. Farben, fueron sentenciados a prisión por los Tribunales de Nuremberg, debido a crímenes contra de la humanidad. (11)
Hoescht y Bayer, dos de las mayores empresas farmacéuticas del mundo fueron ramificaciones de la cuestionada I.G. Farben.
La Bayer, nacida de I.G. Farben, no sólo había patentado la Aspirina®, por lo cual es notoriamente conocida, sino que también patentó, promovió y comercializó la “Heroína ®” a gran escala; por lo cual también fue notoriamente conocida. Según el “Sunday Times”, para 1902 la Heroína® representaba el 5% de las ventas globales de la Bayer (12).
Luego, Bayer se vio obligada a entregar la marca “Heroína” como resultado del Tratado de Versailles, en 1919, al perder Alemania la Primera Guerra Mundial. (13, 14)
Como parte de esta escalofriante historia, en Septiembre de 1955, cuenta Ruesch, Hoescht designó a Friedrich Jaehne, un criminal de guerra convicto en Nuremberg, como el Presidente de su Junta de Directores. Un año después, Bayer nombró a Fitz-ter Meer, otro criminal de guerra convicto, como Presidente de su Junta Directiva. (12, 13, 15)
Cuenta la red Voltaire: “IG Farben fue la accionista principal de la Standard Oil de Rockefeller, y viceversa. En aquel momento, la victoria de las Fuerzas Aliadas sobre la Alemania Nazi acabó con los planes de IG Farben de convertirse en el conglomerado farmacéutico y petroquímico más importante del mundo. Al mismo tiempo, Standard Oil y las otras empresas farmacéuticas y petroquímicas del consorcio de Rockefeller se convirtieron en el grupo financiero dominante de esta industria, y desde entonces han mantenido esta posición de liderazgo.” (3)
En cuanto a la Farben, apenas 15 años luego de que sus directivos fueron condenados en Nuremberg por crímenes de guerra, sus empresas constituyentes -Bayer, BASF y Hoescht-, tristemente conformaron en 1962 la Comisión rectora para el Codex Alimentarius. (16)