La mayoría de los aneurismas son clasificados como ateroescleróticos o degenerativos. La predisposición genética, factores inflamatorios y factores hemodinámicos parecen tener un rol protagónico en el desarrollo de esta enfermedad.
Los aneurismas arteriales son detectados típicamente en: Arteria aorta (a nivel torácico o abdominal), poplítea y femoral. Más del 90% de los aneurismas se originan por debajo de las arterias renales y pueden extenderse hasta las arterias ilíacas. Los aneurismas de la aorta están presentes en 5% a 8% de la población mayor de 65 años y su incidencia se ha triplicado en los últimos 30 años. El estudio ideal para evaluar este tipo de lesiones es la ecosonografía.
La clasificación clínica es:
Aneurismas asintomáticos: Se diagnostican durante estudios de rutina o por casualidad al realizarse el paciente un ecosonograma.
Aneurismas sintomáticos: dolor en la parte inferior de la espalda o región baja del abdomen, presencia de pulsaciones visibles a nivel del abdomen (esto indica que el aneurisma está creciendo o rompiéndose), embolismos periféricos.
Aneurisma roto: dolor abdominal, torácico o en la espalda, de fuerte intensidad, acompañado de hipotensión, palidez y sudoración profusa.
El tratamiento convencional de los aneurismas es quirúrgico y se fundamenta en la colocación de puentes arteriales. Está indicado cuando el diámetro del aneurisma sobrepasa los 6-7cmts.
Considerando los factores de riesgo operatorios de este grupo de pacientes (edad, hábitos tabáquicos y enfermedad arterial sistémica) más el tipo de intervención, es lógico ver la gran morbimortalidad que este grupo de pacientes tiene, no existiendo tratamientos médicos efectivos.
Con la aplicación de Medicina Sistémica se han reportado, hasta los momentos, 5 casos de pacientes con aneurismas con criterio quirúrgico, que luego de recibir su tratamiento con adaptógenos que incrementan la Energía , Inteligencia biológica y Organización (estructura y funcionamiento de la pared arterial en este caso), fueron tratados exitosamente, disminuyendo con el tamaño de estas lesiones y evidenciando el fortalecimiento de la pared arterial, lo que nos permite afirmar que la Medicina Sistémica se erige como la única opción no quirúrgica para el tratamiento exitoso de esta patología.