Esta enfermedad es frecuente a partir de los 55 años y es más común en las mujeres. Los principales factores de riesgo son: obesidad, fracturas o cirugía previa de rodilla, y las actividades ocupacionales que impliquen flexionar y levantar la rodilla frecuentemente.
La enfermedad afecta todas las estructuras dentro de la articulación. No solamente se pierde el cartílago articular sino que la remodelación ósea produce estrechez de la cápsula articular, y debilidad en los músculos periarticulares.
El dolor se relaciona con la movilidad. La debilidad matutina dura menos de treinta minutos. Las pacientes sienten que la rodilla "se les va", lo cual es síntoma de inestabilidad y puede indicar la presencia de una ruptura de meniscos o del ligamento cruzado anterior. Sin embargo, también puede reflejar debilidad de los músculos que soportan la rodilla.
Las radiografías pueden ser normales al inicio de la enfermedad, los hallazgos tienen poca correlación con el dolor. La resonancia magnética puede mostrar la presencia de osteoartritis y ruptura de meniscos.
La Medicina Sistémica es el único tratamiento que restablece el acolchado articular, la masa ósea, evita el desgaste de los huesos y la colocación de prótesis, disminuye los síntomas y mejora la calidad de vida, sin producir efectos secundarios.
Hemos logrado rescatar la movilidad y funcionalidad de la rodilla en 80% de los casos. Indicamos adaptógenos que no producen los efectos adversos a los que se expone el paciente al consumir Antiiflamatorios no Esteroideos sintéticos. Además, en los Centros y Unidades Medicas Adaptógenos se utilizan otros tratamientos que contribuyen a la mejoría del paciente como, por ejemplo, la terapia neural, y la referencia a Centros de Rehabilitación para fisioterapia que fortalezca la movilización.