La ‘hiperactividad’ infantil usualmente es la manifestación fisiológica de agentes adversos en el entorno del niño, que le inducen conductas consideradas desfavorables por la sociedad. El resultado es la condena al tratamiento de drogas psico-alteradoras que destruyen la personalidad y el futuro de los jóvenes.
Para etiquetar a un niño como hiperactivo, lamentablemente se utiliza la siguiente absurda guía para dictamen psiquiátrico, que aparece en el IV Manual de Diagnóstico y Estadística de Desórdenes Mentales –DSM IV.
1. Que el niño a veces no pone atención cuando se le habla.
2. Que no termina las tareas.
3. Que no pone mucha atención en clases.
4. Que comete errores cuando hace las tareas o las aburridas actividades del colegio.
5. Que es desorganizado, pues por ejemplo pierde la tarea luego de realizarla, y resulta que se encontraba en su morral.
6. Que no le gusta hacer tareas.
7. Que se distrae fácilmente poniéndole atención a la actividad ‘equivocada’.
8. Que compulsivamente responde en la clase.
9. Que no aguarda su turno.
10. Que interrumpe mucho o no espera.
11. Que hace las cosas sin pensar.
12. Que no piensa en las consecuencias de sus actos.
13. Que es inquieto.
14. Que no puede permanecer sentado.
15. Que habla muy alto.
16. Que pareciera estar impulsado por un dinamo.
17. Que habla demasiado.
18. Que deja sus huellas en el tejado.
Causa curiosidad, suspicacia y asombro confirmar que el diagnóstico de hiperactividad que aparece en el DSM-IV es el diagnóstico de todo niño normal en el mundo.
La industria legalizada de la droga infantil, parece también haber comprado el alma de la psiquiatría internacional.
Qué podemos esperar, cuando la corrupción ya tomó por asalto el bastión de los guardianes de la mente, generando crímenes en la psiquiatría, como por ejemplo el infanticidio masivo, la lobotomía frontal y el electroshock.
No me atrevo a generalizar diciendo que todos los psiquiatras han incurrido en estos crímenes –menos aún cuando tengo buenos amigos psiquiatras-, pero si señalo que quienes incurren en estas prácticas son seriamente cuestionables.
Sólo puedo recomendar a mis lectores que nunca permitan que sus acciones estén en conflicto con el sentido común. No importa que tan ‘autoritario’ sea un diagnóstico o en cual libro
aparezca. Si contiene contradicciones irreconciliables, probablemente será falso.
En los actuales momentos pareciera ser que el último bastión para preservar la cordura mental de los habitantes del planeta yace en las religiones no violentas del mundo.
Continuará…