Los niños sometidos a las drogas psiquiátricas se convierten en robots, pues se trata de la eliminación del libre albedrío, y de la conversión de nuestros hijos en zombies.
La mayor parte de las recomendaciones para el uso de drogas estimulantes se originan en los colegios. En consecuencia, los psicólogos escolares y consejeros necesitan tener una completa comprensión acerca de sus mecanismos de acción y efectos secundarios.
Quienes abogan por el uso de anfetaminas o cocaína pediátrica -metilfenidato- en niños, influyen sobre los psicólogos escolares con el objeto de que diagnostiquen entusiastamente el Déficit de Atención e Hiperactividad -enfermedad inventada- para que se prescriban estas drogas.
Hasta muy recientemente la mayor parte de la información sobre drogas infantiles era generada sólo por laboratorios o individuos con fuertes intereses en esta inmoral industria. Por lo tanto, les voy a narrar la información suministrada por el Dr. Peter Breggin, Psiquiatra del Johns Hopkins University, emanada de trabajos doble ciego placebo controlados en dextroanfetamina, dexedrina, metanfetamina y metilfenidato (Breggin, 1999).
El mecanismo de acción de las drogas estimulantes infantiles suprime por completo la libertad del individuo, resultando en los comportamientos 'deseados' en el salón de clases o en ambientes familiares altamente restrictivos, dominantes, prohibitivos o si se quiere, opresivos.
El resultado es la docilidad y obediencia; es decir, la robotización mental del individuo, convirtiéndole en un en un castrado mental (Arkawa, 1994; Hughes, 1972; Randrupt & Munkvad, 1967; Schiorring, 1971, 1981; Wallach, 1974).
Los niños al igual que los animales de experimentación cuando no están sujetos a drogas psico alteradoras, se oponen a rutinas aburridas o sin sentido. Las drogas estimulantes refuerzan estos comportamientos en animales, resultando en rutinas -estereotipadas o persistentes. A esto también se le denomina comportamiento obsesivo compulsivo, por ejemplo, en lugar de luchar para salir de una jaula, el animal continuará con el mismo comportamiento rutinario e inútil dentro de la jaula, no aprovechando la oportunidad que se le presenta, pues no percibe bien los estímulos del medio ambiente. (Bhattacharyya et al., 1980; Costall & Naylor, 1974; Koek & Colpaert, 1993; Kuczenski & Segal, 1997, Mueller, 1993; Randrup & Munkvad, 1967; Rebec & Segal, 1980; Rebec & Bayshore, 1984; Segal, 1975; Segal et al., 1980; early studies reviewed in Wallach, 1974 and Schiorring, 1979).
En síntesis, los animales bajo los efectos de drogas estimulantes suprimen el comportamiento social espontáneo, convirtiéndoles en sumisos, obedientes y propensos a rutinas obsesivas compulsivas.
La obsesión cognitiva, inflexibilidad en el pensar y actividades estereotipadas, muchas veces son confundidas con 'mejorías', por sus psicólogos -pues esto es lo que no ha vendido el 'lobbying' multimillonario de la industria farmacéutica. Sin embargo, cuando se estudia bien al niño, se ve que está afectado por el retiro social, aislamiento, espontaneidad reducida, apatía, letargo y un comportamiento que en general está menguado o amortiguado.
Firestone et al. (1998) descubrieron que el metilfenidato causaba deterioro marcado, comparado con placebo, donde el 69% se entristecía y el 62% perdía el interés.
Mayes et al (1994) descubrieron que el 20% de los niños se volvían letárgicos, adormilados, cansados, deprimidos, atontados, sometidos e inactivos.
Barkley et al. (1990) descubrieron propensión al llanto en el 10% de los niños que consumían dosis bajas del metilfenidato.
Schachar et al. (1997) documentaron que el 10% de los niños padecían efectos secundarios severos, marcada alteración de conducta, tristeza, deterioro mental, irritabilidad, retiro, letargo, comportamiento violento, manía y disforia.
Castellanos et al. (1997), encontraron que el 25% los niños bajo el metilfenidato desarrollaban reacciones adversas y comportamiento obsesivo compulsivo.
Borcherding et al. (1990), encontraron que el 51% de los niños bajo dextroanfetaminas y metilfenidato desarrollaban obsesión y compulsión.
Algunos niños se agotaban realizando la misma actividad una y otra vez, lo cual era CONFUNDIDO por los psicólogos escolares como mejoría en las clases.
Las conclusiones en torno al uso de estas drogas, a bajas dosis, en decenas de estudios es que causan comportamiento y enfoque obsesivo compulsivo y estereotiopamiento en el 42% de los niños -Solanto y Wender (1989).
Quienes venden estas terribles drogas pretenden que aceptemos que la eliminación de la voluntad y libre albedrío de nuestros hijos sea visto como la mejoría de su conducta. ¡Esto es criminal!