La tragedia causada por el paradigma médico tradicional se ve claramente reflejada en un excelente artículo publicado por JAMA (Journal of the American Medical Association) la revista médica de mayor circulación en el ámbito mundial. (1)
La autora de este artículo es la Dra. Bárbara Starfield, de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, quien describe como la medicina convencional conduce a la muerte a 250.000 personas cada año en los Estados Unidos, convirtiéndose así en la tercera causa de mortalidad.
Los resultados de este estudio reportan las siguientes causas de mortalidad:
- Efectos secundarios de fármacos sintéticos: 106.000 muertes/año
- Infecciones adquiridas intra-hospitalarias: 80.000 muertes/año
- Cirugías innecesarias: 12.000 muertes/año
- Errores en la medicación intra-hospitalaria: 7.000 muertes/año
- Otros errores en hospitales: 20.000 muertes/año
Esto totaliza 250.000 muertes/año causadas por iatrogenia (término que se define como "toda alteración del estado del paciente producida por el médico").
En su estudio, la Dra. Starfield advierte sobre la correcta interpretación de estos datos, debido a que:
En primer lugar, las cifras corresponden únicamente a pacientes hospitalizados (la mortalidad sería mayor si se considerara también a los pacientes que fallecen fuera de los hospitales por culpa de errores médicos o efectos secundarios de los medicamentos).
En segundo lugar, solo incluyen mortalidad, excluyendo los efectos secundarios causantes de invalidez u otras complicaciones de importancia.
La iatrogenia y los efectos secundarios producidos por los fármacos convencionales afectaron también a los pacientes ambulatorios, ocasionando:
116 millones de consultas médicas adicionales
77 millones de prescripciones médicas adicionales
17 millones de consultas a los servicios de emergencia
8 millones de hospitalizaciones adicionales
3 millones de hospitalizaciones prolongadas
199.000 muertes adicionales
$77 billones en costos adicionales
El rápido desarrollo de nuevos medicamentos sintéticos y su apresurada incorporación al mercado farmacéutico, caracteriza a la moderna medicina norteamericana. Pero muchos de esos fármacos deben ser retirados pocos años después de su lanzamiento, debido a la aparición de efectos secundarios de importancia clínica. Esto se debe a que los estudios fueron insuficientes, los resultados fueron falseados por motivos económicos o a que los permisos para su comercialización fueron aprobados de forma "poco ortodoxa" por los organismos competentes.
Si esto sucede en un país que se considera desarrollado, cabe suponer que el mercadeo de algunos medicamentos en Venezuela ha sido también permitido por razones "poco ortodoxas". Varios fármacos ejemplarizan esta suposición: ¿porqué se permite en Venezuela la venta sin prescripción facultativa de fármacos cuyo uso ha sido prohibido en otros países como la "dipirona" (Novalcina, Conmel, Bral, etc)??
Este ¿medicamento? ha sido prohibido en Australia, Noruega, EEUU, Dinamarca, Suecia, Irlanda, Grecia, Kuwait, Marruecos, Arabia Saudita, Unión Emiratos Árabes, Sudan, Bangladesh, Malasia, Ghana, Nepal, Yemen, Zimbabwe, Armenia, Bahrein y Singapur, porque puede producir Discrasias sanguíneas, Agranulocitosis y MUERTE.
Pero la Dipirona (disfrazada ahora con el nombre Metamizol) no es el único. A continuación cito una lista de fármacos mercadeados en Venezuela pero de uso limitado o prohibido en otros países:
Cisapride, Clioquinol, Clozapine, Codeína, Dequalinio, Estolato de Eritromicina, Fenilbutazona, Feprazona, Fluvoxamina, Furazolidona, Gemfibrozil, Ketorolac, Loxoprofeno, Metilfenidato , Nimesulide, Nitrendipina, Piperazina, Prasterona, Sibutramina , Trazodona, Triazolam . (2)
(quizás el lector quiera re-enviar este repertorio a su lista de direcciones de correo electrónico, con la intención de advertir a sus familiares y amigos)
Es importante resaltar que ninguno de los productos naturales que constituyen el arsenal terapéutico de la Medicina Sistémica, ha sido limitado o prohibido en ningún país. Todos ellos poseen sus respectivos permisos sanitarios, obtenidos de manera completamente legal.