Sus exhaustivos experimentos tuvieron como resultado el enunciado de dos principios que más tarde serían conocidos como "Leyes de la Herencia".
A pesar de la importancia de sus descubrimientos, las principales Sociedades Científicas de su época prefirieron ignorarlo y su obra pasó inadvertida. Tuvieron que pasar casi cincuenta años para que, a principios del siglo pasado, se comprendiera el verdadero alcance de su obra.
De la misma manera, los detractores de los éxitos de la Medicina Sistémica prefieren ignorar lo que está a su vista o intentan restarle valor.