Cada célula del cuerpo tiene una carga eléctrica condicionada por la concentración de sodio, potasio, calcio y cloro dentro y fuera de la célula. La carga eléctrica normal tiene un valor cercano a los 100 milivoltios, y este valor condiciona la resistencia celular a los cambios externos. Los impactos negativos de vida (físicos, químicos, biológicos o emocionales) pueden producir disminución del voltaje celular, y cuando cae por debajo de 30 milivoltios los mecanismos de regulación celular se alteran y la célula comienza a multiplicarse enloquecidamente, produciendo un cáncer.
Las células cancerosas tienen baja resistencia a los cambios, por lo que pueden ser destruidas con pequeñas corrientes eléctricas. Un electrodo positivo (ánodo) dentro del tumor, aumentará la acidez a su alrededor, y un electrodo negativo (cátodo) disminuirá la acidez a su alrededor convirtiendo el medio ambiente exterior en alcalino. Estos cambios de acidez eliminarán las células malignas y también a las pre-malignas. En síntesis, las reacciones químicas que suceden entre los electrodos producen reacciones de electrólisis que eliminarán el tumor y evitarán su diseminación a distancia, sin afectar a las células normales.