(www.saludyciencias.com.ar) No todas las mujeres con antecedentes familiares de cáncer de mamas o de ovario son seguras portadoras de mutaciones genéticas que las hacen proclives a sufrir ellas mismas de tumores. Y, por lo tanto, no todas tienen el "deber" de pasar obligatoriamente por la experiencia de hacerse análisis genéticos para confirmar si heredaron o no los componentes que enferman.
Esta es la conclusión de un grupo de expertos estadounidenses que publicaron en la revista médica "Annals of Internal Medicine" sus recomendaciones acerca de quiénes deberían hacerse los análisis genéticos necesarios para saber si portan mutaciones en el gen BRCA1 y BRCA2.
- Mujeres de origen judío Ashkenazi con un familiar de primer grado que haya tenido cáncer de mama u ovario (o dos parientes de 'segunda línea' en la misma rama, materna o paterna).
- Mujeres con dos parientes de primer grado afectadas por un tumor de mama, alguno de ellos diagnosticado antes de los 50 años.
- Mujeres con tres o más afectadas (tanto de primera como de segunda línea) en su familia por un cáncer de mama a cualquier edad.
- Mujeres con varios casos de cáncer de mama y ovario entre las mujeres de su familia.
- Mujeres con una combinación de más de dos afectadas por tumores de ovario a cualquier edad.
- Mujeres cuya madre, hermana o hija hayan sido diagnosticadas de un tumor de mama bilateral.
- Mujeres con antecedentes de la enfermedad que incluyan a una portadora confirmada de mutaciones en BRCA.
- Mujeres que hayan tenido algún familiar varón con cáncer de mama.
De acuerdo con el panel de investigadores que diseñó estas recomendaciones, las mujeres que no cumplan con ninguna de estas características tienen muy escasas posibilidades de portar la mutación genética en cuestión. Y, entonces, hacerse el estudio para averiguarlo no aporta demasiado, más que ansiedad y el estrés de conocer los resultados.