Antonio Brú es matemático de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del centro de Ciencias Medioambientales, organismo perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Hace alrededor de un año saltó a la fama al aplicar la física y la matemática a un problema que hasta entonces era casi exclusivo de los médicos, el cáncer.
Brú ha sido aplaudido y denigrado. Más lo segundo que lo primero, por plantear que todos los tumores cancerígenos crecen de la misma manera. Esta afirmación tan simple da al traste con la teoría del crecimiento exponencial de las células tumorales, base de los actuales tratamientos con quimioterapia contra el cáncer.
Lo que ha hecho Brú es aplicar las matemáticas, analizar la evolución de un sistema, lo que estudian los científicos que se reunieron recientemente en Gijón, afirmó Jesús Pérez del Río, uno de los organizadores de la reunión. El trabajo de Brú, consistente en modelar la evolución en el tiempo de los sistemas dinámicos, se puede aplicar a procesos fisiológicos como podría ser la evolución de las células cancerígenas. Aun así, puntualiza que las jornadas de trabajo que se celebran en la ciudad «no buscan soluciones sensacionalistas», aunque es posible que las soluciones que ellos ofrezcan a otras ciencias se conviertan posteriormente en noticia de primera, como fue el caso de Brú.
Antonio Brú no ha hecho más que modelar la evolución del cáncer.
La publicación de los resultados del tratamiento del último de ellos en una revista científica y la divulgación pública que hizo el matemático posteriormente de este caso desató una oleada de críticas por parte de la comunidad de oncólogos
El físico y profesor de matemáticas denuncia que la comunidad científica se le ha echado encima por adentrarse en terreno reservado para los oncólogos. Ha puesto en entredicho las teorías de que cada tumor es un mundo y, aplicando la matemática, ha llegado a la conclusión de que todos son iguales. Aún continúa inmerso en esta investigación.