Mientras aumenta el número de personas obesas, el riesgo de padecer hígado graso también aumenta, ya que algunas de sus causas son precisamente el sobrepeso, la malnutrición por falta de proteínas y la diabetes, aunque también se le ha relacionado con el uso de medicamentos corticoesteroides.
El hígado graso, también conocido como esteatosis hepática no alcohólica, consiste en la acumulación de grasa en el hígado, que con el tiempo se convierte en un tejido cicatrizal. Se trata de una manifestación del llamado Síndrome Metabólico. Aproximadamente 80% de las personas obesas padecen hígado graso.
Es la tercera enfermedad hepática más frecuente, y su adecuado tratamiento es indispensable para evitar complicaciones graves, como la encefalopatía hepática, que pueden conducir al estado de coma.
Aunque muchas enfermedades del hígado se relacionan con la ingesta de alcohol, el hígado graso es ocasionado en un 90% por el Síndrome Metabólico.
El hígado graso es una enfermedad que no presenta síntomas y cuando lo hace, se manifiesta con pérdida de peso, debilidad y fatiga; los cuales aparecen cuando el mal se encuentra en etapa avanzada, como es el caso de la cirrosis o la encefalopatía hepática.
Cuando esto ocurre, el hígado deja de trabajar correctamente por lo que llegan al cerebro cantidades excesivas de amonio, que ocasionan cambios neurológicos que afectan su desempeño, al grado de no poder escribir su propio nombre, o caer en estado de coma.
La prevención es un factor indispensable. El diagnóstico de hígado graso ha aumentado a la par del aumento de obesidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dio a conocer cifras sobre obesidad a nivel mundial, las cuales alcanzan los 300 millones de personas, y existen 22 millones de niños menores de 5 años con obesidad. Por tal razón, la incidencia del hígado graso en adolescentes y jóvenes se ha incrementado.
Normalmente el hígado tiene 5g de contenido de grasa por cada 100g de peso, por lo tanto el diagnóstico de hígado graso se establece cuando el órgano tiene más de un 5% de su peso total con contenido graso. Por ello es indispensable un adecuado control del consumo de grasa y el sobrepeso.
La evolución de la esteatosis hepática no alcohólica a otras enfermedades más graves puede tomar años o incluso décadas; sin embargo cuando eso ocurre, el daño al hígado es irreparable y no vuelve a funcionar correctamente.