La última ha sido publicada en la revista científica «Nature». El estudio explica el motivo por el que en dos regiones localizadas en Francia e Italia viven los hombres con una esperanza de vida muy superior a la media del resto del mundo. Y la razón no es otra que el vino, en concreto la forma que tienen de elaborarlo, ya que eleva los índices de una sustancia antioxidante denominada procianidina que mejora el funcionamiento del corazón.
Aparte de la longevidad, el consumo moderado de vino también es bueno para el cáncer. «El resveratrol en particular y los polifenoles en general -sustancias que se encuentran en el vino- tienen efectos positivos en el control de las células cancerosas, a las que provoca la muerte por la desactivación de una proteína necesaria para su multiplicación», tal y como afirman desde de la Academia Española de Gastronomía.
También se ha comprobado una menor incidencia de alzheimer y demencia senil en los ancianos que beben vino. «El resveratrol dificulta la formación de placas cerebrales», añaden. Parece que el consumo moderado de este “nuevo alimento” está indicado, incluso, para las personas que padecen degeneración macular, enfermedad ocular que cursa con pérdida progresiva de la visión. Según un estudio del hospital universitario de Washington, la degeneración macular asociada a la edad, fue 19% menor en los consumidores de vino que en los abstemios.
Al no concentrar el colesterol en la sangre, el vino es un excelente agente para prevenir enfermedades cardiovasculares. Estudios epidemiológicos han demostrado, además, que el consumo moderado de tinto tiene un efecto antiinflamatorio que retrasa el desarrollo de la arterioesclerosis al actuar sobre el «colesterol malo».
Otra enfermedad vascular que produce gran mortalidad en el mundo occidental son los accidentes cerebrovasculares isquémicos. También en esta patología, el vino resulta ser un agente protector, al igual que en la osteoporosis.