El profesor David Baltimore, ganador del Premio Nóbel y Presidente de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), afirmó que aunque continúan los esfuerzos para desarrollar una vacuna, el gremio científico guarda pocas esperanzas.
"Nuestra falta de éxito es comprensible, aunque no aceptable," comentó. "Años atrás llegué a la conclusión de que la comunidad científica debía adoptar nuevos enfoques o nos encontraríamos con una epidemia mundial sin contar con respuestas efectivas, que es justo lo que ha sucedido”, afirmó en la conferencia anual de la AAAS, que se realizó en Boston.
El Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) ha evolucionado para protegerse del sistema inmunológico humano, lo que constituye un gigantesco reto debido a que, para controlar inmunológicamente al virus, la comunidad científica debe vencer a la naturaleza, hacer algo que la naturaleza, con su ventaja de 4 billones de años de evolución no ha logrado.
"Creo que el VIH ha encontrado maneras de engañar totalmente al sistema inmune, por lo que tenemos que hacer algo mejor que la naturaleza.
Los intentos para controlar el virus mediante anticuerpos o reforzando el sistema inmune del cuerpo humano han fracasado. Además, la comunidad científica no puede ver otra vía exitosa.
Ahora voltean hacia técnicas novedosas, como los tratamientos genéticos de células madre, aunque éstas aún se encuentran en su infancia.
Según el prof. Baltimore "En los humanos, solo tenemos una oportunidad, que consiste en cambiar los genes en las células madre. Intentamos hacer eso, diseñar vectores que conduzcan genes que ofrecerán ventajas terapéuticas”
El Prof Baltimore ganó el Premio Nóbel en Medicina en 1975 por el co-descubrimiento de la transcriptasa reversa, una enzima que es utilizada por el VIH para replicarse en las células humanas. Actualmente dirige el laboratorio Baltimore en Caltech, con patrocinio de la Fundación Gates, intentando encontrar formas para reforzar el sistema inmune genéticamente, contra agentes infecciosos, particularmente el VIH.
En contraposición a los conceptos emitidos por el Prof. Baltimore, se plantean otras ideas.
Existen 240.000 especies botánicas y tan solo unas 12.000 han sido estudiadas. Si la naturaleza nos provee de agua, alimentos y oxígeno, ¿Por qué habría de negarnos los medicamentos?
Las plantas han evolucionado junto a las especies animales, virus, bacterias, parásitos, hongos y seres humanos durante los últimos 4 billones de años y han contribuido a la salud de los seres humanos, desde hace más de 3.000 años. Es evidente que la naturaleza debe albergar también la solución al SIDA.
Así como se enfrentaron a innumerables combates contra agentes agresores, en algún momento de esos 4 billones de años de evolución, algunas plantas debieron enfrentar al virus del SIDA y crear los mecanismos que les permitieran vencer la infección. De alguna manera, estos conocimientos quedaron almacenados en las plantas.
Esto explica porqué plantas como: Coriolus versicolor, Lentinus edodes, Ganoderma lucidum, Hydrastis canadensis, Panax quinquefolius y Schizandra chinensis inhiben la transcriptasa reversa del VIH. Otras plantas pueden inhibir diferentes sistemas enzimáticos del VIH, por ejemplo: las especies Echinacea purpúrea y angustifolia inhiben la Integrasa del VIH; Andrographis paniculata inhibe la Proteasa del VIH y Panax ginseng retarda el desarrollo de mutaciones resistentes a la zidovudina, uno de los antiretrovirales más estudiados.
La información contenida en las plantas puede ser transmitida al ser humano, al ser ingeridas. Esta información es utilizada por la Inteligencia biológica del sistema humano, para adaptar al sistema inmune o crear nuevos mecanismos defensivos, lo que explica la demostrada capacidad de muchas especies herbarias, como Astrágalus membranáceus y Uncaria tomentosa, de estimular los mecanismos de inmunidad celular y humoral, aumentando así los recuentos de linfocitos en humanos infectados por el VIH y restableciendo las poblaciones de linfocitos que se encuentran deprimidas por acción del virus.
El escaso optimismo de muchos de los miembros de la comunidad científica tiene su explicación en su obstinado desconocimiento de que todos los sistemas vivientes cuentan con una Inteligencia biológica, entidad informacional que regula, controla, adapta, desarrolla e integra las partes de los sistemas vivientes en una unidad funcional, dirigida hacia la supervivencia. |