Los expertos llaman medicalización de la vida al proceso por el que problemas no médicos de la vida cotidiana se tratan como si fueran enfermedades (el duelo o la vejez), se exagera la prevalencia de otros males (la disfunción eréctil) o se tratan factores de riesgo antes de que aparezca la dolencia (el colesterol alto). Los logros médicos han reportado pingues beneficios sanitarios, pero la expansión terapéutica ha mostrado en los últimos años una cara menos amable. El resultado es que en las sociedades desarrolladas hay cada vez más enfermedades y pacientes, cuando, paradójicamente, aumentan la esperanza de vida y el nivel de salud.
Enfermedades mentales.
En un reciente informe se alertaba de «la creación de enfermedades», un concepto «polémico e incluso provocador» que considera la salud como un puro objeto de consumo, un negocio con expectativas ilimitadas. No se trata de discutir la idoneidad de los fármacos o de cuestionar la profesionalidad de los médicos, señalan los responsables sanitarios, pero sí de reflexionar sobre el poder de la industria farmacéutica y el papel de los agentes que intervienen en la cadena sanitaria, incluidos los médicos, los pacientes y también los medios de comunicación, en la expansión terapéutica.
Cierto es que, cuando se diagnostica una dolencia, los especialistas juegan a menudo al equilibrio, especialmente en el caso de las enfermedades mentales, donde los límites entre la normalidad y la enfermedad son difíciles de establecer.
Pero la medicalización va mucho más allá de esas áreas «grises» de la medicina. En el centro de la diana se sitúan las empresas farmacéuticas, a las que se les acusa de «vender salud y comerciar con la enfermedad». La plataforma No Gracias (www.nogracias.eu), constituida en España a iniciativa de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, denuncia el «complejo entramado de intereses» que se cuela en el sistema y pide «mayor transparencia». «La industria influye a través del control de la investigación de los nuevos medicamentos, de los sistemas de patentes, de un marketing agresivo sobre los centros académicos, la formación y la práctica individual de los médicos», señalan los firmantes, entre los que hay médicos, inspectores y otros profesionales de todas las comunidades.
El papel de los médicos.
La sociedad demanda salud y la salud vende. La ecuación resulta golosa para las empresas farmacéuticas, que dedican un 32% de sus ventas al marketing, el doble de recursos que a investigación y desarrollo, según las cifras que maneja la plataforma. En Europa, a diferencia de Estados Unidos, el marketing directo de fármacos bajo receta no está permitido, pero las estrategias para «fabricar pacientes potenciales» se multiplican. Un caso de libro es el de la menopausia, a menudo promovida como un trastorno cuando en realidad es parte normal de la vida. Otro ejemplo es el de la disyunción eréctil, de la que se dice afecta a la mitad de los hombres mayores de 40 años, unos datos «engordados» tras la irrupción en el mercado de la Viagra.
En el engranaje sanitario, los médicos juegan, sin duda, un papel fundamental. Como responsables de los diagnósticos, tienen la llave para que la medicalización prospere, pero también para que se frene. Mabel Marijuán, profesora de Bioética de la UPV, defiende al respecto «la ética de la prescripción», en la que engloba un sinfín de consejos para «prescribir mejor». El doctor Juan Gervás saca a colación el término de la «prevención cuaternaria» para hacer frente a una intervención sanitaria innecesaria, especialmente en cuatro áreas: el tratamiento de los factores de riesgo cardiovascular, el uso de los antidepresivos, de antibióticos y las pruebas genéticas.
Eduardo Tejera, presidente del comité de ética asistencial del Hospital Donostia, cree que «la clave está en que el profesional sanitario indague con el paciente para saber si lo que realmente siente es una enfermedad o más bien una situación normal de su vida». Pero faltan tiempo y medios humanos en un sistema sanitario cada vez más exprimido, dice. «El peligro es que si seguimos haciendo un uso indiscriminado y abusivo de los medios sanitarios, el sistema terminará no siendo viable económicamente. De hecho, ya empieza a serlo». Tejera hace autocrítica. «Salvo excepciones, la mayoría de los médicos claudica ante el paciente. Es muy difícil luchar contra la idea que impera en la sociedad de que todo se cura con pastillas». «La medicina y los medicamentos -concluye- no son capaces de solucionar todos los problemas. Ni el médico es un dios ni los medicamentos son pócimas mágicas para la vida».
LAS 'NO ENFERMEDADES'
La revista British Medical Journal propuso a sus lectores una encuesta sobre cuáles eran las principales no enfermedades, entendidas como «un proceso o problema humano definido desde alguna instancia como una condición médica pero que conseguiría mejores resultados si no fuera considerado y tratado como tal».
1. Envejecimiento
2. Trabajo
3. Aburrimiento
4. Bolsas en los ojos
5. Ignorancia
6. Calvicie
7. Pecas
8. Orejas grandes
9. Canas, pelo gris
10. Fealdad
11. Parto
12. Alergia al siglo XXI
13. Jet Lag
14. Infelicidad
15. Celulitis
16. Resaca
17. Ansiedad
18. Embarazo
19. Cabreo al volante
20. Soledad
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