La diabetes no se cura. Cuando llega, se queda. Sin embargo, se puede controlar e incluso prevenir.
La primera causa de ceguera en menores de 50 años es la diabetes. También es la primera responsable de los problemas renales. La persona que la sufre tiene 17 veces más probabilidades de sufrir la amputación de un miembro que un no diabético. Además, es causa importante de enfermedades coronarias.
"Los diabéticos suelen morir debido a problemas del corazón", sentencia Róger Uzcátegui, cardiólogo y director médico del laboratorio Merck Sharp & Dohme durante la presentación de un nuevo tipo de tratamiento para combatir la enfermedad. "Representa mucho más que azúcar en la sangre. Es un problema complejo. La muerte cardiovascular prematura va asociada a la hiperglicemia, al igual que la ceguera y la insuficiencia renal", añade.
Pero no es tan fácil controlar los niveles de glicemia en un diabético. "El 65% de las personas que han desarrollado la enfermedad y han sido diagnosticados no ha logrado controlarla de manera eficiente", sentencia el médico.
Aunque puede existir cierta predisposición genética, los hábitos de vida son la principal causa en la aparición de la llamada diabetes mellitus tipo 2, que surge especialmente en personas sedentarias y con sobrepeso por mala alimentación. Y, al igual que la obesidad, la diabetes ha aumentado de tal manera que ya alcanzó niveles de pandemia.
Por ejemplo, el panorama en Estados Unidos es sombrío. Según cifras mostradas por Merck Sharp & Dohme, se estima que uno de cada tres estadounidenses nacidos en el año 2000 desarrollará diabetes en alguna etapa de su vida si los hábitos de esa sociedad no se modifican.
En el caso de Latinoamérica, México está en alerta roja: el 12% de sus habitantes es diabético. Es mucho, sobre todo si se considera que el promedio de la región es de 7 diabéticos por cada cien personas. Venezuela está dentro de la media: se estima que entre seis y siete de sus ciudadanos han desarrollado esta enfermedad, aunque muestra un pico más alto en el estado Zulia, debido, explica Uzcátegui, a la alimentación acostumbrada, saturada en grasas.
Los factores de riesgo son el sobrepeso, el sedentarismo o contar con un familiar de primer grado que sufra o haya sufrido diabetes. Las mujeres también pueden desarrollar la enfermedad si se les presentó durante el embarazo o si su hijo pesó más de 4 kilos al nacer.
También importa la carga genética. Estudios de la Federación Internacional de Diabetes han demostrado mayor tendencia en las comunidades asiáticas, hispanas, indígenas y afroamericanas. Esta predisposición aumenta cuando esos grupos étnicos adoptan la forma de vida occidental. "La carga genética es importante, pero tiene una ventaja: se puede manejar con prevención, haciendo ejercicio, consumiendo menos azúcares y más carbohidratos complejos (panes, papa, pastas, arroz, legumbres, maíz y avena, entre otros) en vez de simples", afirma el médico. |